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Un día en la vida de… Epigmenio Ibarra

Hoy inauguro una nueva sección en el blog, como siempre, me encuentro a la vanguardia en ingenio y es por eso que hoy doy por comenzado un nuevo tipo de artículos, llamados: “Un día en la vida de…” (léase con voz engolada).

 

Epigmenio Ibarra se despierta temprano, como todos los días, como recordatorio de esos tiempos en los que era corresponsal de guerra y añoraba regresar a México a cumplir el sueño de su vida: producir programas de televisión que quedaran permanentemente en el recuerdo de los que la vieran, como fue el caso las exitosas Gitanas o Juana tenía el pelo de oro.

Tras unos minutos en los que toma fuerzas para salir de la bolsa en la que duerme y que según él le da poderes sexuales, se levanta para darse una ducha para empezar con muchas energías el día. Gira la llave, espera un poco, no sale el agua caliente, espera un poco más, el agua caliente sigue sin salir. Un poco desesperado, asoma la cabeza por las escaleras para gritarle a su empleada doméstica:

-¡Petra! ¡Petra! ¡PEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETRA!

Petra sube asustada las escaleras, y tras informarle a Epigmenio que no hay agua caliente porque no hay gas, se retira a seguir preparando el desayuno. Ibarra se queda solo, da un puñetazo en la pared y exclama a todo pulmón:

- ¡Me tendré que bañar con agua fría! Esto debe ser culpa de la guerra criminal de Felipe Calderón -

Finalmente, Epigmenio queda listo y parte rumbo al trabajo con unos minutos de retraso tras quedarse acurrucado en la cama para recuperarse de la ducha con agua fría. Como es fácil de suponer, se queda atorado en el tráfico constante de la ciudad de México, y tras avisar a su asistente que llegará tarde, voltea los ojos y tras dar un puñetazo furioso al techo de su coche afirma para si mismo:

- ¡Pinche tráfico! Esto debe ser culpa de la guerra criminal de Felipe Calderón -

Al llegar a su trabajo, Epigmenio es informado de que ha recibido un mensaje de los ejecutivos de la cadena para la cual está desarrollando su última serie: dado la estable situación económica del país, y a pesar de que su serie no la ven ni en los hospitales del Seguro Social donde la recepción jamás funciona, se le han autorizado 15 nuevos capítulos para alargar su serie.

Ibarra sale feliz de su oficina y le llama a su pareja, emocionado:

- Amor, ¡gracias a mi trabajo y a mi ingenio, me han dado más capítulos para mi serie rompedora! -

Cuelga y se dirige al set de filmaciones, donde se le informa que las 128 pizzas que ordenó para poder grabar la escena de sexo lésbico interpizzal que tenía en mente para el capítulo de la siguiente semana no llegaron porque no aceptaron como pago la promoción de la marca durante la escena. Fúrico, Epigmenio Ibarra empieza a lanzar todo lo que se encuentra entre sus manos: celulares, implantes de silicón de actrices, perros colgados preparados para una escena en la Agencia de Seguridad Estatal, cámaras. Finalmente, con los ojos inyectados en sangre, se voltea hacia su equipo de trabajo, los cuales ya han visto pasar la escena miles de veces y repiten a coro:

- ¡Esto debe ser culpa de la guerra criminal de Felipe Calderón! ¡Queremos verdadera democracia! -

Cae la noche y Epigmenio Ibarra por fin se retira a su casa, agotado tras una sesión maratónica de escenas subidas de tono, llega a su casa, disfruta de una frugal cena, y se dispone a dormir. Se acuesta, cierra los ojos… y justo en ese momento el perro del vecino empieza a ladrar una y otra vez.

Epigmenio abre los ojos, suspira enojado y dice en un susurro:

- Esto debe ser culpa de la guerra criminal de Felipe Calderón -

Es entonces cuando vuelve a cerrar los ojos y hace un nuevo intento por dormir mientras se acurruca dentro de la bolsa en la que duerme y que según él, le da poderes sexuales.

 

 

Foto: El Universal

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Teoría general del Narrorato. ¿La UNAM manipula el fútbol mexicano?

Ah, el fútbol. Ese deporte tan hermoso, tan criticado, tan adorado y tan respetado a lo largo de la historia reciente de la humanidad. Un deporte, que sin lugar a dudas ha sabido unir como nadie más lo ha podido hacer a los pueblos, a las instituciones y a naciones enteras alrededor de algo tan pequeño como un balón de fútbol.

Su uso como arma de propaganda ha sido ya explotado más de una vez; ya lo hizo Mussolini en los prolegómenos de la II Guerra Mundial al presionar a quien fuera para que Italia consiguiera su primera Copa del Mundo en el lejano mundial de 1934. Así mismo la dictadura tremendamente represora de Argentina lo uso para limpiar un poco su imagen durante la Copa Mundial de 1978, ganada coincidentemente por la selección local a pocos metros de donde se ejecutaban simultáneamente opositores al régimen imperante durante aquellos tiempos.

Una vez puesto todo esto en contexto, vayamos al tema que atañe este post, que no es otro que el fútbol mexicano y los resultados sospechosamente tendenciosos de los últimos tiempos, teniendo como común denominador un equipo de fútbol que misteriosamente siempre se ve favorecido en el momento en el que más lo necesita.

¿El nombre del equipo? Sencillo: Los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La UNAM, ahora dirigida por el Doctor José Narro, fue en algún momento la mejor institución de educación pública, puesto que ahora ocupa el Instituto Politécnico Nacional, gracias a la atinada gestión del antiguo Rector Juan Ramón de la Fuente la UNAM logró recuperar el prestigio perdido tras la huelga de 1999 que empañó a toda una generación de jovenes profesionistas que se veían despreciados por el sólo hecho de venir de una institución que permitió ser secuestrada por un puñado de vagos durante casi un año.

Vamos, tan bueno parece ser que fue el trabajo de Juan Ramón de la Fuente, que incluso le fue otorgada a la UNAM el Premio Principe de Asturias, reputado premio auspiciado por la Monarquía española, consolidada fuertemente gracias al regimen franquista culpable del asesinato en masa de miles de españoles, pero bueno, no hablaremos en esta ocasión de las implicaciones éticas que tiene aceptar un premio otorgado por quien respaldó a un asesino.

Tras la llegada de Narro, sin embargo, el prestigio de la UNAM empezó a ir en declive, entre otras cosas, por la pésima gestión de Narro al frente de la Universidad que ha tenido que enfrentar severos escándalos, como son:

- La UNAM respaldando el esoterismo al permitir conferencias propagandisticas sobre el tema en sus instalaciones. [Link]

- La intolerancia universitaria al expulsar con agresiones a quien no piensa como ellos. [Link]

- El mutismo de las autoridades ante el escándalo del proyecto: “100 años, 100 alumnas desnudas de la UNAM”. [Link]

- La deuda de los propios Pumas con el fisco mexicano, más de 36 millones de pesos. [Link]

 

Las pruebas son aplastantes, ante el resquebrajamiento del prestigio de la Institución que preside, Narro parece haber echado mano del fútbol  mexicano, y con esas pícaras relaciones que alguien que cuenta con su poder quizás ha podido mover mar y tierra para que a sus queridos Pumas les echen una mano en el torneo local, para de este modo lograr distraer la atención de la comunidad universitaria, la mayoría siempre más pendiente de la última cana de Sergio Bernal que del estado de su Universidad.

¿Es normal, queridos lectores, que de pronto la UNAM haya encadenado dos torneos consecutivos llegando a semifinales cuando antes no eran capaces ni de ganarle al Atlético San Pancho?

¿Es normal que el torneo pasado hayan echado al mejor equipo del torneo, líder invicto en casa, tras un arbitraje tendencioso en toda la serie de Cuartos de Final?

¿Es normal que hayan aspirado al liderato general del presente torneo contando en el equipo con alguien como Francisco Palencia?

¿Por qué siempre los arbitrajes los favorecen?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

La respuesta es evidente, la larga mano de Narro parece estar presente para inclinar la balanza del lado universitario siempre que se necesite. No sé, si yo fuera Memo Vázquez me daría pena ganar un campeonato así.

Narro, te suplico que por el bien del fútbol mexicano, saques tus manos del fútbol y las pongas de regreso en la Universidad.

José Narro

De regreso a las aulas, José.

 

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Entrevista con… Alejandro Encinas

Hoy es un gran día para este blog, pues inicio una serie de entrevistas a personajes relevantes en la vida nacional, algo nunca visto en internet, (¿o si?) las cuales nos permitirán conocerlos más y ahondar un poco en los motivos que los llevaron a ser como son ahora. Para la primera entrevista he decidido invitar a quien en este momento está en boca de todos por su posible papel como candidato a la gubernatura del Estado de México, con ustedes:

Alejandro Encinas

¡Alejandro Encinas!

Facso: Diputado Encinas, un gusto recibirlo en este blog, es un honor que me conceda esta entrevista, ¿Cómo le va?

Alejandro Encinas: Miau.

F: ¿Eh? Bueno, no importa. Dígame que opina de la posible alianza del PRD-PAN para la gubernatura del Estado de México, por favor.

AE: Miau, miau, miau.

F: ¿AMLO le está obligando a estar a su lado en este asunto?

AE: Miau, miau.

F: Hmmm, eso no me dice mucho, por otra parte. ¿Cómo pretende ser gobernador de un estado en el cual no tiene la residencia requerida por ley para ser candidato?

AE: Miau, miau, miau, miau.

F: ¿Qué opina del regreso de Bejarano al PRD para luchar contra las alianzas?

AE: Miau, miau.

F: ¿No le parece un poco incoherente esa postura?

AE:

F: ¿Diputado?

AE: ¿Miau?

F: Bueno, es imposible, ya por último, dígame su opinión de Andres Manuel López Obrador.

AE: Prrrrr, prrrr, prrrrrrrrrrrr.

F: Diputado, ¿Sería tan amable de dejar de restregarse contra mi pantorrilla?

AE: ¡Miau!

 

 

Foto: Presidencia, vía Wikipedia

      

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